viernes, 12 de agosto de 2022

Sin relaciones no podemos crecer y madurar

Todo ser humano necesita pertenecer y creer. Tal vez nuestras elecciones puedan parecer disparatadas o filosofías extrañas a otros, pero hablan inexorablemente de nuestra innegable necesidad de tener comunidad con otros y participar de un sistema de creencias. 

Desde la biología nuestro diseño marca la interdependencia con otros seres vivos, y la imposibilidad de vivir, protegerse y sobrevivir si caminamos solos o por cuenta propia. No es muy diferente en la dimensión del alma, que los griegos llamaban "psique". Nuestra funcionalidad social, emocional e intelectual depende del grado de interacción constructiva con otros seres humanos.

Pero convivir no es fácil. Implica riesgos que no todos están dispuestos a tomar.  Sin embargo, la opción es más negativa que positiva.  Pero, ¿Cómo aprendemos a establecer relaciones positivas y productivas con los demás?

Algo que he aprendido con los años es a respetar las necesidades espirituales y emocionales de quienes me rodean, sean ateos, cristianos, agnósticos o de otras doctrinas confesionales.

Conforme pasan los años, mi interacción constante con miles de líderes en la consultoría y el coaching me ha demostrado que hemos sido diseñados desde el ADN para relacionarnos de manera significativa unos con otros, y llenar un vacío en nuestro interior que tiene forma divina. 

Unas veces por malas experiencias, otras por heridas y resentimientos, y a menudo por ignorancia no emprendemos el humilde camino de aprender sobre el origen de nuestras necesidad interior y como satisfacerla saludablemente mediante inversiones importantes de tiempo, energía e intencionalidad en nuestras relaciones íntimos, cercanas y públicas.  

Esto no se limita a la dimensión secular donde la espiritualidad es tratada con negligencia, ignorando que ésta es una dimensión humana distinguible que también debe desarrollarse. No resulta extraño, entonces, que cuando viajo y comparto con creyentes y no creyentes, encuentro algo en común: Dios es el factor diferenciador en sus respectivas búsquedas. Se le niegue o se le acepte, El siempre aflora en todas nuestras búsquedas.


JUGANDO A SEMIDIOSES

Estoy anonadado por la fragilidad de nuestra existencia, la necedad de nuestros actos y nuestra contradictoria superioridad ante un ser superior, creador. No somos mas que partículas en el universo existente, sin embargo actuamos con arrogancia como si el conocimiento humano o espiritual de la índole que sea nos posicionara como "dioses".

Casi todas las personas que encuentro son frágiles, emocional y espiritualmente, aunque se cubran con caretas de éxito y poder humano. Todos sabemos de nuestra vulnerabilidad, pero intentamos cubrirlo como si nos diera vergüenza. Pero, igual nos resistimos con frecuencia a establecer intencionalmente relaciones multidimensionales (física, espiritual, intelectual, emocional) porque demandan recursos que creemos escasos.

Mi convicción, sin embargo, es que todos podemos transitar esta vida temporal de dos maneras principales: con propósito reconociendo nuestra fragilidad y abrazando el único amor que es incondicional y eterno: el que Dios brinda a quienes lo aceptan como Señor y Salvador de sus vidas, o podemos resistir con escepticismo y autosuficiencia una explicación sobrenatural para nuestra existencia y propósito viviendo solo para nuestra satisfacción egoísta.

La primera ruta garantiza el desarrollo de relaciones significativas a lo largo de la vida que enriquecen nuestras capacidades, competencias y vida interior. La segunda en cambio, deviene en egoísmo, irracionalidad, problemas serios de temperamento, amargura y vacío.

Hay muchas filosofías que ofrecen alternativas para vivir, pero casi todas reconocen que sin descubrir nuestro propósito y pertenecer a una comunidad con base en un sistema de creencias que nos trasciendan física y espiritualmente el control sobre nuestra vida y destino será siempre frágil y problemático. 

Ninguna creencia humanista y materialista puede suplir lo que mi relación con Dios me puede dar. Y la forma en que aprendo más efectivamente a conocer a Dios y reflejarlo es través de mis relaciones con otros significativos. Al fin y al cabo, tanto ellos como nosotros somos creación suya y eso nos sensibiliza sobre el valor de la vida y las personas en sociedad. 

Sin relaciones humanos establecidas y desarrolladas intencionalmente con intencionalidad y humildad ninguna filosofía humana puede mostrar la plenitud de Dios dentro de un cuerpo humano como lo hace Cristo. Amar a Dios, me lleva a amarme a mi mismo, y entonces a amar a los demás como fruto multiplicador.

Juan Carlos Flores Zúñiga

COACHING EN TRANSICIONES

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por escribir a Coaching en Transiciones. En breve un miembro de nuestro equipo le contestará.

Soledad en el liderazgo

El lunes es el día en que los líderes experimentan más ataques. Tanto en el ámbito secular como en el espiritual miles de líderes alrededor ...